No hay suficientes valoraciones
DESVENTURAS EN EL HOSPITAL II

Nos encaminábamos hacia el Área del Objetivo designado Whisky Target, nos convertíamos en depredadores, en cazadores de cabezas, con una misión para cumplir a toda costa. Una ligera brisa presagiaba una noche fría en el desierto, poco a poco ibamos reduciendo la distancia hacia nuestro objetivo. Un rato más tarde, ordené un alto, aprovechando para hacer un SITREP. Reuní a los francotiradores y a los exploradores, mientras el resto del comando formaba un perímetro de seguridad, el sargento Guerra, alias Hotel, que era el encargado de Inteligencia y Operaciones, sacaba un portátil y nos mostraba varias fotografías de hacía escasos minutos, tomadas por alguno de nuestros satélites.

 



-Bueno jefe... tenemos un pelotón de blindados 50 km al oeste de nuestra posición y una pequeña agrupación de OpFors 700 metros por delante nuestro -sobresaltado miré hacia delante, viendo una inmensa duna, intentando visualizar a los pobres desgraciados que tendríamos delante.
-Bueno chicos, necesito opiniones, ¿un golpe rápido o les rodeamos? ¿Zulu? -el denominado Zulu levanto su vista de la pantalla, un hispano de temperamento decidido, líder del grupo de reconocimiento.
-Sinceramente, jefe, no sé si deberíamos dejar enemigos detrás nuestro, si podemos conseguirlo sin armar jaleo, creo que deberíamos borrarles de la faz de la tierra.
-¿Omega, que opinas? ¿Podrías conseguir un buen disparo desde aquí? -Omega me miraba decidido, mientras brillaba casi malévolamente una cruz plateada colgada de su muñeca derecha.
-Por supuesto, los títulos de tirador de élite no se regalan jefe, y con esta joya puedo darle a 900m sin desviarme -dijo mientras señalaba su M-24 modificado con un visor Leupold III y un pesado silenciador
-Entonces está decidido, a bailar señoritas. Omega, tomarás esta posición -dije mientras señalaba un montículo en la foto.- El resto del comando nos acercaremos por esta cañada, un golpe rápido, no habrá prisioneros, ¿entendido?
Esa era la orden que se nos había dado... sin testigos, aunque no supiéramos que más tarde romperíamos esa regla.
Me llevé la mano al laringófono para dar la orden de movimiento e informar sobre el ataque, cuando me fijé en que Omega me miraba fijamente
-¿Que pasa Omega?
-Jefe, no creo que deba encabezar el ataque, Susan te está esperando en Bragg, y sé lo suyo... No haga estupideces, no quiero notificarle tu muerte.- La preocupación de Omega era genuina. Era un hijo de emigrantes franceses, a pesar de no haber entrado a la universidad, era un genio de la física balística. En sus tiempos un joven conflictivo que ante los cargos de robo, no le quedó otro remedio que enrrolarse en el ejército, y ahora estaba aquí, 8 años más tarde, diciendome que no hiciera estupideces. Asentí, emocionado por ese gesto y le dije:
-No te preocupes Omega, una más y me retiro, quiero tener un destino tranquilo, enseñar a los nuevos reclutas a no morir por estupideces -sorprendentemente, me contestó
-No te engañes Eco, eres como nosotros, disfrutas con la adrenalina recorriendo por tus venas, con el frío contacto de la culata, estarás aquí hasta que seas demasiado viejo para seguir en la élite o tal vez hasta que una bala te declaré la baja definitiva.
Y era cierto, me encantaba lo que hacía aunque fuera digno de un Neanderthal, el sabor del peligro, el medirme con mis congéneres, todo estaba en mi propio caracter y porqué no decirlo, en mi código genético. Ignoré ese último comentario y dí la orden de movimiento...

CAMBIO DE PERSONAJE: OMEGA
Se había limitado a ignorar esa gran verdad dando la orden de movimiento, pero no iba a entrar en discusiones ahora con él, rápidamente llamé a mi socio Juliet y nos dirigimos hacia la posición marcada. Al poco tiempo llegamos a nuestro puesto, un sitio idóneo, con piedras para protegernos, pero espacio suficiente para montar todo. Con profesionalidad, extendimos una manta en el suelo, habría unos 600 metros hasta el objetivo con una clara línea de tiro. Dejé el rifle en el suelo y me acomodé, mientras tanto y a mi lado Juliet hacía lo mismo con el visor de tiro, mientras él hacía los primeros cálculos, yo contemplaba mi cruz de plata, llevaba conmigo años, acompañándome en todas y cada una de las misiones en las que estuve, y más allá... estando conmigo desde mi niñez, recordaba como mi padre me lo había dado, tal como había hecho mi abuelo con él... Con decisión empuñé el rifle, abriendo al mismo tiempo las tapas de la mira, mientras tanto oía de fondo la retahíla de datos que me ofrecía mi observador:
-Distancia 598 metros, 12,3 ángulos de deflexión, brisa inapreciable.
-Roger, ajustando mira.- Empecé a ajustar el visor telescópico a los datos proporcionados, mientras notaba como me iba relajando, acompasando mi respiración. Encendí el visor nocturno, volviéndose la imagen a un tono verdoso,  mientras escuchaba por el auricular como se organizaban para avanzar por la cañada.- Es tiempo de repartir justicia
Y empecé a hacer lo que debía, a buscar enemigos. Poco a poco fui encontrando centinelas y reportándolos al equipo de asalto.
-Aquí Eco, Omega, ya sabes las ROE.
-Afirmativo, aplico ROE estándar.- Por estas ROE, no debería abrir fuego a menos que el líder me diera la orden o hubiera un peligro inminente para mí o para el grupo.

CAMBIO DE PERSONAJE: ECO
El comentario de Omega me había dejado consternado, pero tenía cosas más importante que hacer, por ejemplo eliminar unos enemigos, para salvar a un agente con un ridículo nombre que era Cebolla,  para llevarlo a Estados Unidos y de paso evitarle una muerte desagradable. Nos encaminamos por la cañada, ya habíamos quitado el seguro a las armas, ya no había vuelta atrás, tendríamos más muertes en nuestra conciencia, más aún. Yo personalmente ya tenía un gran número de ellas, en operaciones contra el narcotráfico, contra los talibanes y otras operaciones menos nobles como asesinatos selectivos, y cada noche recordaba todas y cada una de ellas... Sacudiendo la cabeza, aparté esos malos pensamientos de mi cabeza, tenía cosas que hacer y no podía fallarles a mis hombres. Silenciosamente nos desplazábamos hacia los enemigos, estábamos a unos 400 metros, mientras veíamos todo bajo el color verdoso de las gafas de visión nocturna, la adrenalina empezaba a fluir por mi sistema circulatorio, se aumentaba mi percepción, podía oler nuestra transpiración a pesar del intenso frío, escuchaba todo lo que ocurría, volvíamos a ser animales primitivos entrenados para matar, recordaba mis comienzos en esto, cuando entré en el proceso de selección de personal para Operaciones Especiales cuyo lema era "No os adiestramos, tratamos de mataros", para facilitar la selección. Recordaba las interminables noches en que nos adiestraban en el uso del cuchillo y las formas de interrogatorio, recordaba las noches pasadas en el SERE sufriendo esas mismas torturas que nos enseñaron, todo para adiestrarnos a resistir y no fallar a nuestros camaradas, rememoraba los golpes, los insultos en árabe y ruso... y ahora estaba aquí un comando adiestrado. Casi sin darme cuenta, estábamos a 50 metros escasos del campamento enemigo, arrastrándonos cuerpo a tierra, oíamos la conversación gutural en árabe, mientras uno de mis chicos lo traducía, hablaban de un negocio con un oficial de intendencia, nada relevante. 2 miembros del grupo de reconocimiento se adelantaron en silencio, amparados por la oscuridad, con los cuchillos de combate en la mano y como si fuera una película, como si no fuera conmigo, ví como los mataron en completo silencio y los depositaron suavemente en el suelo mientras informaban:
-2 bajas, vía libre.
Nos introdujimos en silencio en el campamento, todos estaban durmiendo y una a una fuimos matando a los que dormían dentro de las tiendas. Acompañando a Bravo, me encaminé a lo que debía ser el pañol de armas, entramos rápidamente con los fusiles listos pero no había nadie dentro, de repente oí la orden de alto en árabe y de reojo ví a Bravo apoyándose contra uno de los lados de la puerta, mientras desenfundaba el Ka-Bar y me hacía el gesto de guardar silencio. Siguiendo con su plan, dejé mi arma en el suelo y alcé las manos; el árabe, un hombre barbudo con un traje de camuflaje desértico que debía de ser una copia del que tenía el bloque soviético se acercaba cautelosamente, pero sin desviar la vista de mí. Por el rabillo del ojo podía ver como Bravo se preparaba para saltar sobre el hombrecillo que llevaba un ak-47 mientras la hoja de color mate negro, brillaba tenuemente con un brillo maligno.Bravo era uno de los más nuevos y más jóvenes del equipo, un caso excepcional, él también venía de una familia militar; era un hombre joven cuya mirada no reflejaba absolutamente nada a pesar de su corta edad y mataba sin contemplaciones si la situación lo requería. Y llegó el momento, mientras rezaba porque Bravo no fallara, presencié como lo mataba. Pasaba por el dintel de la puerta y mi compañero estaba agazapado, según pasó por delante suyo, se puso detrás suyo, le tapó la boca con una mano enguantada y con 3 movimientos rápidos hundió el cuchillo entre sus costillas, alcanzando el corazón, destrozándolo. Otra muerte. El hombre pataleaba en un último estertor agónico hasta que por fin cesó. El ataque se había llevado a cabo con éxito. Habíamos limpiado la zona sin un solo disparo, momento de hacer otro SITREP, pero de repente oí una voz en mi oído:
-¡Jefe, venga aquí! Hemos encontrado algo interesante.- Con paso rápido me encaminé hacia mis hombres y lo ví... Cajas con armamento occidental, desde lanzamisiles Javelin, a ametralladoras M2 Browning, pasando por toda una gama de fusiles y subfusiles. Rápidamente llamé al Cuartel General:
-CG, aquí Pelotón Kilo, estamos en un campamento enemigo, hemos encontrado armamento occidental, esperamos órdenes. Cambio y Corto
-Pelotón Kilo, aquí CG, desháganse de los cuerpos y de las armas, y continuen con su misión.
Amontonamos los cuerpos encima de las cajas y arrojamos varias granadas incendiarias, que explotaron extendiendo el fuego y darnos la vuelta para mirar continuamos nuestro camino. En ese momento llegó Omega corriendo con su M24 a rastras seguido por Juliet preguntándome que qué carajo había pasado y se lo resumí, a lo cual me contestó con un silbido y un "Joooder". Después me giré hacia Bravo para darle las gracias, pero el duro reflejo de sus ojos me decía: "Hago lo que es necesario, no iba a dejar que te mataran para nada, no me des las gracias".

HASTA AQUÍ LA PARTE 2. Después vendrá la 3.

617

Regístrate para poder comentar.

Si ya estás registrado solo tienes que iniciar sesión.

 
Juegos
Plataformas
Los + visitados